¿Cuántos hay en América Latina?

viaadmin Edición 5, Español

Huérfanos: 6,2%

Alcohólicos: 9,7%

Pobres: 44,2%

Culpables: 100%

Todos hemos sido inquietados por remordimientos de conciencia. Una acción, una palabra o un pensamiento malo, y nos sentimos abrumados por un sentido de culpabilidad. O tal vez sea un muy mal hábito lo que nos haga sentir culpables. ¿Se trata acaso de simples emociones o somos realmente culpables?

La Biblia dice que Dios puso en nosotros un código moral de lo bueno y lo malo, y por eso en toda cultura es malo mentir o agredir a alguien. Aún los que no han leído la Biblia tienen esta misma conciencia. Los “Diez Mandamientos” son el resumen de la norma que Dios ha puesto en nuestros corazones, y cuando los transgredimos, nuestra conciencia nos acusa y nos sentimos culpables.

¿Por qué Dios nos dio una conciencia? Así como las luces de advertencia en el tablero de un carro le indican al conductor que habrá un problema si sigue manejando, nuestra conciencia tiene el propósito de advertirnos de las consecuencias destructivas del pecado aún antes de cometerlo. Es por nuestro propio bien que debemos hacerles caso a estas advertencias y obedecer las leyes de Dios.

Nuestra conciencia también pone al descubierto nuestro pecado. En el momento en que violamos la ley de Dios, oiremos a nuestra conciencia gritarnos “¡culpable!” y condenarnos. La conciencia trata de prevenirnos del pecado y también nos acusa de pecado.

Vivimos en una sociedad que nos dice que “si para ti está bien, ¡entonces está bien!” A muchos les gusta esta filosofía porque les permite hacer lo que quieran sin sentirse mal, pero negar los hechos no los cambia. El que una persona se sienta culpable o no, puede no corresponderse con los hechos. Adolfo Hitler es sólo uno de muchos culpables de asesinato que jamás sintieron culpa alguna por sus hechos. La Biblia dice que algunas personas le hacen caso omiso a sus conciencias hasta que éstas quedan insensibles y endurecidas.

En cambio, otros tienen conciencias hipersensibles y sienten una culpa inmensa por cortar un árbol, matar una araña o manejar un carro. Entonces, ¿cómo podemos saber la verdad? Sin duda usted se ha sentido culpable, pero ¿realmente lo es?

La Biblia da el veredicto: “todos pecaron,  y están destituidos de la gloria [el estándar] de Dios”, Romanos 3.23. Cada uno de nosotros es responsable por haber transgredido las leyes de Dios. No podemos negarlo, excusarnos o justificarnos. ¡Todos hemos pecado contra Dios!

¿Castigará Dios nuestro pecado? Todo juez honesto y justo castiga el crimen, y Dios es absolutamente justo; Él debe castigar nuestros pecados y lo hará. Jesús enseñó que toda persona merece un castigo consciente e interminable por sus pecados en el infierno. El sufrimiento eterno por los pecados no será ni excesivo ni escaso, porque Dios es justo.

No es de extrañarse que la gente use las drogas, el alcohol e incluso el suicidio para tratar de escapar de la culpa, y que busque la ayuda de terapeutas y sicólogos para reducir sus sentimientos de culpabilidad. Sin embargo, no podremos escapar de la culpa hasta que seamos oficialmente declarados libres de ella por el Juez.

¿Cómo podemos hacer que Dios nos libre de culpa? ¡No podemos! La Biblia dice que asistir a una iglesia, bautizarnos, orar o hacer obras de caridad no nos ayudará. Nuestros pecados tienen que ser castigados. Pero hay esperanza; Dios no quiere castigarnos, sino “salvarnos” del castigo y para lograrlo envió a su Hijo Jesucristo al mundo. La única manera para que Él pudiera salvarnos del castigo era recibiéndolo Él mismo. ¡Y lo hizo! Dios castigó a su Hijo en la cruz para no tener que castigarnos a nosotros.

La Biblia dice que “al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”, 2 Corintios 5.21. En la cruz, el castigo de Dios cayó sobre Jesucristo. Sabemos que Dios es justo, no sólo para castigar el pecado, sino también para no castigarlo dos veces. Como Cristo ya sufrió en la cruz, nosotros podemos ser salvos del castigo del infierno e ir al cielo. Dios exige que admitamos nuestra culpa, estemos de acuerdo con Él que merecemos ser castigados y que aceptemos a Jesucristo como Aquel que llevó nuestro castigo.

¿Está usted libre de culpa?

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