¿Indiferente yo?

viaadmin Edición 5, Español

indiferente-yo1Ángel Torres yacía inmóvil en medio de la calle en el centro de la ciudad de Hartford, Connecticut, EE.UU. El carro modelo Honda color oscuro se dio a la fuga y dobló en la siguiente esquina, desapareciendo así de la vista. El conductor, que había rebasado la doble línea amarilla para pasar a otro carro, arrolló a Torres cuando éste cruzaba la calle. El impacto lo lanzó sobre el carro y luego al pavimento.

Una cámara de vigilancia captó cómo los carros continuaron circulando como si nada. Los peatones siguieron su camino e incluso uno que cruzaba la calle casi pisó al pobre ancianito inconsciente. Algunos se acercaron a mirar, pero nadie lo auxilió ni llamó al número de emergencia para pedir una ambulancia. Por fin, un policía que pasaba lo vio y lo socorrió. Pero Ángel Torres quedó paralítico y a nadie le importaba.

Es triste, pero no es nuevo. Jesucristo una vez contó de un hombre que fue asaltado y dejado medio muerto junto al camino. Primero pasó un sacerdote, volteó la cara y pasó de largo. Luego pasó un trabajador del templo – un levita – e hizo lo mismo. ¿Por qué la gente reacciona con indiferencia? ¿Nunca ha hecho usted lo mismo? A veces ni siquiera nos conmueve la muerte de una persona. Me refiero a la muerte del Señor Jesucristo.

La Biblia dice que cuando Jesús fue crucificado la gente se sentó para verlo y burlarse de Él. “Los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza”, Mateo 27.39. El profeta Isaías escribió muchos años antes acerca del deshonor hacia Cristo: “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos”.

Mientras Cristo sufría en la cruz, mucha gente pasó con indiferencia, sin importarles su muerte. ¿Y usted? ¿Qué aprecio tiene por la muerte de Cristo? ¿Se conmueve al pensar en sus sufrimientos, en su agonía, en su muerte? El profeta Jeremías dijo: “¿No os conmueve a cuantos pasáis por el camino? Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido; porque Jehová me ha angustiado en el día de su ardiente furor”. Mire la cruz y su dolor. Ahora pregúntese: ¿Por qué murió Cristo?

“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”, Isaías 53.5. “Para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”, Juan 3.16.