¿Por qué Cristo no se salvó a sí mismo?

viaadmin Edición 6, Español

“La tercera es la vencida”

grandma-was-an-atheistAlgunos dicen que esta frase viene, supuestamente, de los juegos de lucha en la antigua Grecia. El luchador que lograba poner a su rival de espaldas tres veces era declarado ganador.

Cuando Jesucristo fue crucificado, los gobernadores le dieron el primer golpe verbal: “A otros salvó; sálvese a sí mismo”. El segundo golpe vino de los soldados: “Sálvate a ti mismo”. El tercero, de los ladrones: “Sálvate a ti mismo y a nosotros” (Lucas 23.35-39). Los burladores querían ponerlo de espaldas emocionalmente. Pero, ¿fue vencido? ¿o por qué no bajó de la cruz?

Su pureza

Pilato declaró: “Ningún delito hallo en este hombre”. Pedro dijo que Cristo “no hizo pecado”. Juan estuvo de acuerdo: “No hay pecado en él”. Aun los demonios le decían: “Eres el Santo de Dios”. Jesucristo no era delincuente ni pecador. No merecía el maltrato de los hombres ni la ira de Dios.

Su poder

Sus enemigos admitieron que había salvado a otros. Los enfermos se acercaban y “sanaba a todos”. ¿Endemoniados? “Anduvo sanando a todos los oprimidos por el diablo”. ¿Muertos? Una niña que apenas había muerto, un muchacho cuyo cuerpo iba rumbo al cementerio, y un amigo que había estado sepultado cuatro días fueron resucitados por Él. Calmó tempestades, calló a los sabios e hizo que una multitud de soldados se postrara delante de Él. Aunque era el omnipotente Hijo de Dios, no dijo ni hizo nada para salvarse a sí mismo.

Su propósito

¿Qué motivo tendría para quedarse a sufrir? Mírese en un espejo. Cristo sabía que usted, siendo pecador delante de Dios, estaba en peligro del castigo por sus pecados (Romanos 6.23) y voluntariamente “llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo”. Con inmenso amor, “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios”, 1 Pedro 3.18.

La pregunta no es “¿por qué no se salvó?”, sino “¿por quién?” Vea su necesidad y crea en Cristo para salvación. Agradezca que Cristo no se salvó de la cruz, sino que “se dio a sí mismo en rescate por todos”, 1 Timoteo 2.6.

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