Salvo… ¿puedo saberlo con certeza?

viaadmin Edición 6, Español

salvo-como-puedo-saberlo

Usted está viajando a la eternidad y no sabe cuán cerca está de llegar a la gran terminal. Por lo tanto, pregúntese con toda sinceridad: ¿En qué clase viajo? Sólo hay tres:

  • Primera clase: Los que son salvos y lo saben.
  • Segunda clase: Los que no están seguros de la salvación, pero desean estarlo.
  • Tercera clase: Los que no son salvos y permanecen indiferentes.

Tercera clase: Indiferentes

Muchos son cautelosos en cuanto a sus intereses en este mundo, pero parecen estar ciegos respecto a la eternidad. A pesar del amor infinito de Dios, de la brevedad de la vida, del juicio después de la muerte y de la posibilidad de terminar en el infierno, siguen su loca carrera hacia un trágico final, como si no hubiera Dios, ni muerte, ni juicio, ni cielo, ni infierno.

La salvación es urgente, no la posponga. La Biblia dice: “He aquí ahora el día de salvación”.

Segunda clase: Inseguros

Tal vez sus sentimientos le afirman que es salvo, pero luego se ve asaltado por las dudas, como un barco azotado por las olas y sin ancla. Pero, ¿alguna vez ha visto a un marinero echando el ancla dentro del barco para asegurarlo? ¡Nunca, siempre afuera! “Queriendo Dios mostrar más abundantemente… la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma”.

Primera clase: Infalible

La infalible Palabra de Dios resuelve el asunto. “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna”, 1 Juan 5.13. Cristo mismo dijo: “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna”.

Confíe en la obra de Cristo en la cruz y descanse en la promesa segura de la Palabra de Dios. Así podrá decir como Pablo: “Yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día”, 2 Timoteo 1.12.

Compartir