¿Se puede perder la salvación?

viaadmin Edición 6, Español

Las obras de Dios son eternas

se-puede-perder-la-salvacion“Todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá”, escribió el más sabio de los sabios antiguos, Salomón, en Eclesiastés 3.14.

La creación misma lo corrobora, demostrando que la materia no se destruye, sino que se transforma. La tierra antigua pereció por agua, y la que ahora es, con los cielos, está reservada por la palabra de Dios para el fuego en el día del juicio. Mas no cesará de haber tierra y cielos: Esperamos cielos nuevos y tierra nueva, los cuales, dice Dios, permanecerán delante de Él (2 Pedro 3.7, 13; Isaías 66.22). La creación, pues, será para siempre.

De la misma mano creadora el hombre recibió vida. Por lo tanto el hombre también permanecerá eternamente. Aunque su cuerpo muera, su alma y espíritu son trasladados a su morada eterna: el cielo o el lago de fuego. Cada ser humano, por ser obra de Dios, permanecerá para siempre.

La salvación es una de sus obras eternas

De todas las obras divinas, la más grande es la salvación del alma. Es por gracia, no por obras (Efesios 2.8-10). Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco… y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”, Juan 10.27-28. Queda claro que la salvación es obra divina y, por lo tanto, será perpetua.

Es falso pensar que se pierde

Siendo así, ¿por qué algunos piensan que, habiendo sido salvos por fe en el Señor Jesucristo, podrían perder esta salvación debido a la falta de fe o al pecado e infidelidad? ¿Acaso se recibe al principio por méritos propios o piedad?

Dios, que no miente, dice que “somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre… porque con una ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”. Todo se basa en el perfecto sacrificio del Salvador. Ahora el justo y santo Dios puede decir de los salvos: “Nunca más me acordaré de sus pecados e iniquidades, pues donde hay remisión de éstos no hay más ofrenda por el pecado”.

Es inconcebible que el pecador arrepentido, una vez perdonado por sólo confiar en Cristo, y cuyo perdón es ratificado por la Palabra de Dios, sea acusado otra vez de la culpabilidad de estos mismos pecados. La Biblia nunca limita los pecados perdonados a los cometidos antes de ser salvo, sino que incluye a todos: pasados, presentes y futuros. Dios cargó en Cristo el pecado de todos nosotros, sin que quedara ningún pecado por expiar. Por eso su sacrificio es perfecto y suficiente. Esta perfección es atribuida en toda su plenitud al que cree, ya que la Palabra insiste: “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia”, Tito 3.5.

Depende de Dios y no del creyente

Claro está que el que cree en Cristo debe apartarse de toda iniquidad (2 Timoteo 2.19), pero no hay tal enseñanza de que se pueda perder el que ha sido salvado por su gracia. Aun si pecara (y lo hará), queda vigente la promesa de 2 Timoteo 2.13: “Si fuéremos infieles, Él permanece fiel”.

Pero, ¿qué le sucederá al creyente desobediente e infiel? La pérdida será de la recompensa y aprobación que el Señor le dará a sus siervos fieles según sean sus obras, y no de la vida eterna. Esta vida es una dádiva de Dios exclusivamente, según expresa Romanos 6.23; no es una recompensa ni es ganada por los méritos de quien la recibe. El creyente infiel perderá su galardón, “si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego”, 1 Corintios 3.15.

Una vez en Cristo, para siempre en Cristo

Los que confían en Cristo como Salvador pueden decir con toda seguridad: “Yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día”, 2 Timoteo 1.12. A la vez escuchamos las palabras del mismo Salvador: “Esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada” y “…todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

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