Una Hazaña Irrepetible

viaadmin Edición Actual, Español

una-hazana-irrepetibleComenzaba el tercer inning. Los Dodgers de Los Ángeles le ganaban 2 a 0 a los Cardenales de San Luis. Las bases estaban llenas, lanzaba Chan Ho Park y el turno al bate era para Fernando Tatís. Entonces Tatís conectó un jonrón que llenó de euforia al estadio. ¡El marcador ahora estaba a favor de los Cardenales 4 a 2!

Varios errores hicieron que los Cardenales anotaran tres carreras más y permitieron que a Tatís le tocara batear otra vez. Seguían en el mismo inning y nuevamente las bases estaban llenas. El batazo de Tatís se elevó lejos por el jardín central y fue jonrón nuevamente. El público no lo podía creer. ¡El mismo jugador había conectado dos jonrones con las bases llenas en el mismo inning y contra el mismo lanzador!

Con esa jugada Fernando Tatís, un dominicano de 24 años y con apenas dos años de carrera profesional, estableció un récord en las grandes ligas que hasta 2015 no se ha podido romper. Esta hazaña es considerada por los expertos como irrepetible e irrompible. Sólo doce jugadores han logrado hacer dos grand slams en un juego, pero no en el mismo inning. Y para romper el récord de Tatís se necesitaría que un jugador conectara tres jonrones con bases llenas en un solo inning y contra el mismo lanzador.

Tatís pasó a la historia aquel 23 de abril de 1999 y su nombre siempre será recordado por lo que hizo. Pero hay una hazaña mucho más importante e impresionante que la de Fernando Tatís. La obra que Cristo, el Hijo de Dios, hizo en la cruz para quitar el pecado es una hazaña única e irrepetible. La Biblia nos dice que “Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios”, Hebreos 9.26. Una sola vez ¡y para siempre!

Antes de morir, y sabiendo que todo lo que la justicia divina exigía por el pecado ya había sido pagado, Cristo dijo: “Consumado es”, Juan 19.30. Así, con el sacrificio de sí mismo, Cristo obtuvo eterna salvación para todos los que creen en Él. Cristo nunca volverá a morir ni nadie jamás podrá igualar su obra redentora. Además, como su muerte satisfizo completamente a Dios, Dios jamás pedirá otro sacrificio para quitar el pecado.

La salvación de Dios por medio de Cristo es única ¡y para siempre!

Compartir