¡Urgente: necesita un corazón nuevo!

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Era una noche cualquiera, pero en un instante la vida de David Mitchell iba a dar un drástico e inesperado giro.

urgente-necesita-un-nuevo-corazonDavid tenía todo a su favor. A sus 40 años tenía una hermosa familia, una cómoda casa en Cobourg (Ontario, Canadá), un buen trabajo de ventas y otro de medio tiempo como bombero; jugaba hockey en el invierno y béisbol en el verano; y nunca se enfermaba. Pero a pesar de estar rebosante de salud, repentinamente le dio un infarto la noche del 3 de enero de 2014. Sus compañeros del departamento de bomberos respondieron a la llamada de emergencia y cuando llegaron lo encontraron sin signos vitales.

¿Alguna vez ha pensado que usted también (cualesquiera que sean las circunstancias de su vida) está al borde de la muerte? El David de la Biblia lo entendía bien y reconoció que “apenas hay un paso entre mí y la muerte”, 1 Samuel 20.3.

La condición de David Mitchell era crítica. En un lapso de 24 horas tuvo 15 infartos y los médicos no esperaban que sobreviviera más de dos días. Sin embargo, seis semanas después milagrosamente David seguía con vida en la sala de cuidados intensivos. Estadísticamente David ya debería haber muerto. De los 25000 canadienses que sufren insuficiencia cardíaca avanzada, la mitad muere en menos de un año. Aunque en Canadá se hacen unos 180 trasplantes de corazón al año, la mayoría de los pacientes tienen que esperar semanas o meses para obtener un corazón nuevo. Muchos no llegan a durar ese tiempo y, sin duda, David no podía esperar tanto. No había tiempo que perder. ¡David necesitaba urgentemente un nuevo corazón!

Nuestra condición también es crítica porque Dios nos dice claramente que “el alma que pecare, esa morirá”, Ezequiel 18.4. Aquí no se refiere a la muerte física, sino a la muerte eterna en el infierno. Mentiras, malos pensamientos, codicia, orgullo, robos, egoísmo y fornicación son sólo algunos de los pecados que la Biblia menciona. Con uno o más de ellos se identifica usted; yo también los he cometido. El Señor Jesucristo advirtió: “Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente”, Lucas 13.3. Por eso no hay tiempo que perder. ¡Usted necesita urgentemente un nuevo nacimiento! Porque “el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”, Juan 3.3.

Aunque David estaba muy débil y en esas condiciones no podía soportar una operación, los médicos lograron estabilizarlo y lo pusieron de primero en la lista de espera para trasplantes de corazón. Las cosas urgentes hay que tratarlas con prioridad, dándoles la mayor importancia. “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”, Mateo 6.33. Primero lo primero. Usted tiene planes, sueños y metas que quiere cumplir, pero “no sabéis lo que será mañana”, Santiago 4.14. ¿No ha pensado que lo primero que debe atender es el asunto de la salvación de su alma?

Para David la espera fue corta. En 24 horas apareció un corazón compatible y la cirugía se programó de inmediato. Obviamente el corazón es un órgano que para poder ser trasplantado es necesario que el donante muera primero. David Mitchell salió del quirófano con un nuevo corazón, una segunda oportunidad, gracias a una persona que, al morir, le permitió a él vivir. Días después dijo: “No hay manera para agradecerle a alguien lo suficiente por el regalo de un corazón”. Más que una nueva oportunidad, Cristo le quiere dar a usted una nueva vida, un nuevo nacimiento. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es”, 2 Corintios 5.17. Para eso fue necesaria su muerte en la cruz por nuestros pecados. El Señor Jesucristo dijo, refiriéndose a sí mismo, que “es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”, Juan 3.14-15.

Usted no tiene mucho tiempo. El fin de su vida puede estar más cerca de lo que se imagina. Y después de la muerte ya no hay oportunidad de salvación, ni hay oración ni bautismo por los muertos que otros puedan hacer para ayudarlo. Tampoco hay purgatorio ni lugar intermedio para que usted pague con penitencias su libertad de la condenación. El destino eterno se decide en esta vida y queda sellado con la muerte. Dios advierte: “¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?”, Hebreos 2.3.

La salvación de Dios es para siempre, pero la oportunidad para obtenerla es sólo en esta vida. Usted la necesita con urgencia. Dele la prioridad que requiere. La oferta está a su alcance hoy. ¡Aprovéchela!

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